بِسْمِ اللَّهِ الرَّحْمَـٰنِ الرَّحِيمِ
Que el Emir tome un quinto (podrá depositarlo en el Tesoro Público (bait al-mal); emplearlo en beneficio de los musulmanes, tal como adquirir armamento; entregarlo total o parcialmente a los descendientes del Profeta -la paz sea con él-, etc. ) del botín que obtengan los musulmanes fruto de la batalla (igualmente si se presenta el ejército musulmán ante una población enemiga y huyen los habitantes; sin embargo, si huyen antes de que se presente el ejército musulmán, se considera fai' o botín de guerra conseguido sin esfuerzo, el cual irá a parar al Tesoro Público para ser empleado en beneficio de los musulmanes), y que se repartan los cuatro quintos restantes entre los miembros del ejército. Siempre que no se trate de tierras. La tierra, si es de cultivo, se convertirá en un waqf o habús cuya renta (jaray) se empleará en beneficio de los musulmanes. En cuanto a la tierra que no es de cultivo, será propiedad de quien la convierta en provechosa. Según Malik, La Meca y Egipto fueron conquistadas por la fuerza, por lo que sus tierras cultivables son todas awqaf ( plural de waqf).
Es preferible realizar dicho reparto en territorio enemigo (dar al-harb), a fin de apesadumbrar con el enemigo.
El botín obtenido por incursiones de la caballería y demás unidades montadas y en las refriegas se divide en quintos y se reparte.
Para los que lo necesitan, no hay inconveniente en tomar alimentos y forraje que formen parte del botín antes de que éste se reparta. Sin necesitar permiso del Emir para ello.